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Una forma de entender el carácter español puede ser el análisis de la carta astral de España, que nos aportará una visión adicional de nuestra personalidad nacional, de las dificultades que están en el fondo de nuestro carácter y de las potencialidades que se esconden en el alma colectiva de este país.

El Sol en Sagitario y el ascendente en Leo nos hablan de un carácter abierto, comunicativo y fácilmente inflamable, dispuesto siempre a la celebración jubilosa de cualquier acontecimiento feliz, necesitado de proyectarse al exterior, dotado para el estudio de los medios de transmisión de las ideas, del lenguaje, con una fuerte tendencia a la filosofía y escaso pragmatismo.

El ascendente Leo, nos indica también la necesidad de conquista, el afán de imponerse y dominar, el anhelo de españolizar el mundo. La fe, la religión, todo lo espiritual tiene un importancia capital, con tintes fanáticos a veces por Saturno en casa XII, posición ésta muy dura que nos indica los miedos inconscientes, los enemigos ocultos que acechan a la sombra el error para hacerse cargo de la situación y sabotear un proceso legítimo. Sin embargo, esta fuerza, aunque peligrosa, tiene la función de incentivar el avance del país, es el látigo que estimula en la medida en que no se le tiene miedo, pero que corrige los errores, fruto sin duda del inconsciente colectivo. Y esta fuerza tiránica, cruel, productora de dolor, se encarna en la inquisición, en las revoluciones, en los golpes de Estado y finalmente en el terrorismo, siendo la presión negativa ( en el sentido de que estimula con dolor), que genera nuestra psique colectiva cuando no hay otra solución, o bien las cosas han ido peligrosamente lejos en cualquier orden.

Encontramos, en otro orden de características, la tendencia, innata en el espíritu español, a la fiesta, al goce, al placer, que harán de España en el futuro el gran parque de atracciones de Europa, con un sector de servicios y una infraestructura de esparcimiento que probablemente no tenga rival en el mundo.

Es aquí, por tanto, donde deben centrarse nuestros esfuerzos, que, por otra parte, bendice Júpiter, el gran benefactor, desde el sector sexto, amparando todas las actitudes de trabajo que tengan como base el servicio y la atención a los demás.

También es cierto que Marte aporta conflictos laborales, desasosiego a los trabajadores, y finalmente, hostilidad por parte de los sindicatos.

El espíritu jugador también está representado por la posición del Sol, así como el dinero procedente de la especulación. La belleza del país y de sus gentes, la conjunción con Venus, el machismo, el cultivo del ánimus, en sus variadas representaciones, unas como caballero y otras como atleta deportivo o sexual; temerario, como el torero; románticamente idealista, como Don Quijote, o exhibicionista y despreciativo respecto a la mujer, aparece simbolizado por la energía que representa la conjunción Marte-Júpiter.

La posición de la Luna nos indica una fuerte emocionalidad, un carácter tormentoso y vengativo, así como un fuerte carga sexual que necesita manifestarse a través de la creatividad, rompiendo miedos y tabús, agresivamente, uniendo espiritualidad y sexualidad, el mundo de arriba y el de abajo en un vértice común.

Este espíritu nacional también está preñado ( se enfatiza la condición de llevarlo dentro, y como un peso), la conexión idealizada del pasado, la nostalgia de otros tiempos, si bien simultáneamente hay una ruptura con el pasado, un progreso a saltos, por lo que para el espíritu colectivo español, lo pretérito se visualiza como el sendero maravilloso que se ha dejado atrás después de cruzar un puente y volarlo, destruirlo.

Asimismo, la historia española, los recuerdos sobre los que se asienta el país, son confusos, oscuros, llenos a veces de manipulaciones que distorsionan la realidad.

Sus bases comunes están dispersas, constituidas por una multitud de ideosincrasias, de pequeños reinos, poca diferencia existe entre la popularidad de regencias de los árabes, de ducados medievales, o las autonomías modernas, en lo que se refiere a su estructura política, cuando menos; sin embargo, es bueno respetar esta diversidad, ya que está en la esencia de la nación española.

Por tanto, y resumiendo, aunque el análisis podría ser más extenso, España se debate en una bipolaridad de fuerzas: por un lado, un fuerte impulso al goce, al disfrute, al placer en todas sus formas, al hedonismo, que incluye la falta de responsabilidad y al abandono de sus responsabilidades, pero con una magnífica oferta de belleza, alegría y variedad.

Por otro, la amenaza latente de que el proceso pacífico de avance sea detenido por un ánimus colectivo encolerizado, por un Marte iracundo, que se siente impulsado por el inconsciente colectivo, refrendado y justificado moralmente " por la gracia de Dios", o por la marginación y sufrimientos a que ha sido sometido tal o cual minoría que se considera a sí misma como portadora de los auténticos valores. La otra advertencia que nos hace la carta astral es la atención necesaria que se le debe prestar a la situación de los menos favorecidos, que clamarán con voz cada vez más tronante si se menosprecian sus aspiraciones.

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